La verdad es que suelo seguir una regla no escrita a la hora de elegir los libros que leo: si me los recomienda alguien cercano o conocido, los apunto en mi lista de “próximos” para cogerlos en cuanto termine el que tenga entre manos; si llegan a mis oídos porque todo el mundo habla de ellos (incluido el cada vez más probable hecho de que se haya estrenado una película de los mismos), en ese caso prefiero obviarlos y dejarlos para más adelante, cuando ya no pueda contaminarme de opiniones masivas ni caer en peligrosas sugestiones. Aunque claro, siempre hay excepciones inevitables.

Esto es justo lo que me pasó con Palmeras en la nieve. Admito que la primera vez que se me presentó la oportunidad de leerlo decidí dejarlo para más adelante, y fue justo entonces cuando empezó a aparecer en todas partes. Más adelante se inició el rodaje de la película, se grabó, se estrenó, se emitieron diferentes tráilers y entrevistas de los protagonistas…En fin, que no había forma de “desentenderse” de tanta palmera y de tanta nieve

Y hace unas semanas, por fin, cuando ya se me había olvidado, volvió a llegar a mí por casualidad. Y entonces supe que era El Momento, así, con mayúsculas. Ahora admito que no debería haberme resistido tanto, pues he encontrado un verdadero tesoro.

Mientras lo leía, muchas veces me sorprendía a mí misma pensando en lo 
acertado del título
: gráfico y muy, muy, representativo. Dos escenarios y dos épocas que se alternan con maestría y que nunca quieres dejar atrás: cómo siendo de lo más profundo de los fríos Pirineos puedes hacer de Guinea tu hogar. O cómo puedes llevar la esencia del que fue tu hogar en Guinea durante tantos años a un lugar tan lejano y tan diferente como es Pasolobino (el lugar de origen de algunos de los protagonistas de la historia).  

Como os decía más atrás, he encontrado un tesoro y me encanta pensar que guardaré el buen sabor de boca que me ha dejado la obra durante mucho tiempo. Quizá otro de los que para mí son los puntos fuertes de la novela es que me ha ayudado a descubrir una España que no conocía demasiado y de la que no se cuenta mucho más: la España de las colonias. Y con ello, los viajes que realizaban nuestros antepasados en busca de un futuro mejor, la relación con la población autóctona (para bien y para mal) y la forma de organización y funcionamiento de las plantaciones de cacao. ¡Y por supuesto he aprendido de geografía antigua y moderna de Guinea! 

El tema de los personajes siempre lo saco a relucir, pero es que para mí son quienes hacen que la historia sea una obra maestra o no llegue a una mera cuartilla. En este caso afortunadamente nos encontramos con la primera opción. Tanto los protagonistas Clarence o Kilian, como los personajes secundarios que crea Luz Gabás, muestran personalidades y formas de hablar y de actuar tan definidas, que enseguida nos sentiremos identificados con unos y sentiremos rechazo hacia otros (no doy nombres, sabéis que no me gusta “espoilear”). Viviremos distintas décadas a través de sus ojos, sufriremos y amaremos a través de sus corazones; resistiremos y detestaremos a través de sus entrañas, y destaparemos secretos e historias pasadas a través de su energía. Sin duda alguna, éste es un libro para respirar en cada página.

Si tuviera que poner una pega, mencionaría la forma en que se resuelven algunas historias que transcurren dentro del libro, pero como se dice, “nunca llueve a gusto de todos”. Desde luego yo me he quedado con ganas de viajar y conocer Bioko, ¿y vosotros?

Lo mejor. La gran lección práctica que nos muestra acerca del funcionamiento de las plantaciones en las Colonias. La personalidad de los protagonistas.

Lo peor. Si tenéis problemas de espalda, es mejor que os hagáis con la edición digital.

Dónde leerlo. Es un libro intenso, que requiere de toda nuestra atención para no perder detalle. Sin embargo, engancha mucho desde el principio, por lo que querréis aprovechar cualquier momento “en blanco” para cogerlo y seguir donde os quedasteis. Si viajáis en transporte público, es ideal para largos trayectos.

Sinopsis (Fuente Casa del Libro)

Solo un amor eterno podía dar voz al olvido.
Es 1953 y Kilian abandona la nieve de la montaña oscense para iniciar junto a su hermano, Jacobo, el viaje de ida hacia una tierra desconocida, lejana y exótica, la isla de Fernando Poo. En las entrañas de este territorio exuberante y seductor, le espera su padre, un veterano de la finca Sampaka, el lugar donde se cultiva y tuesta uno de los mejores cacaos del mundo. En esa tierra eternamente verde, cálida y voluptuosa, los jóvenes hermanos descubren la ligereza de la vida social de la colonia en comparación con una España encorsetada y gris; comparten el duro trabajo necesario para conseguir el cacao perfecto de la finca Sampaka; aprenden las diferencias y similitudes culturales entre coloniales y autóctonos; y conocen el significado de la amistad, la pasión, el amor y el odio. Pero uno de ellos cruzará una línea prohibida e invisible y se enamorará perdidamente de una nativa. Su amor por ella, enmarcado en unas complejas circunstancias históricas, y el especial vínculo que se crea entre el colono y los oriundos de la isla transformarán la relación de los hermanos, cambiarán el curso de sus vidas y serán el origen de un secreto cuyas consecuencias alcanzarán el presente.En el año 2003, Clarence, hija y sobrina de ese par de hermanos, llevada por la curiosidad del… 

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