Así, con este título tan paradójico, quería empezar con mi primera reseña del año. Toda la verdad sobre las mentiras es un libro que reúne todo lo necesario para hacer a cualquiera caer rendido a sus pies. Es nostálgico por lo que evoca, esos maravillosos años 80 a los que yo llegué tarde pero con los que inevitablemente me siento muy identificada. Es emotivo y curioso, porque el punto de vista de un niño siempre lo es. Y es duro, por el trasfondo amargo y tristemente más común de lo que debiera. 

Ángel, narrador en primera persona de la obra, nos muestra algunos meses de su infancia en los que se muestran aquellos maravillosos hábitos de la España de entonces, como jugar con canicas o ver Willy Fog en televisión. Pero refleja también la dura realidad a la que se enfrenta su familia; un día a día áspero y hostil y ante el que Ángel no puede sino despertar lástima, por cuantas cosas se le escapan en su inocencia infantil, o no logra comprender.

Recomiendo encarecidamente su lectura por varios motivos. Primero y principal, porque la buena literatura siempre es un regalo, y este libro lo es y de los buenos. En segundo lugar, porque una de las cosas más bonitas para el común de las personas es evocar o momentos felices de nuestra vida, y en este caso, más jóvenes o mayores, vamos a encontrar hueco para ello. Y por último, porque muchas veces es importante y es necesario ponerse en el punto de vista de un niño para entender o apreciar la gravedad de las situaciones, que lastimosamente tendemos a normalizar por influencia de las noticias diarias o de Internet. Si además, como yo, disfrutas ojeando la portada de los libros o con su tacto y su olor, esta obra “es una mina”, te encantará.

No es un libro de aventuras, ni de misterio; y desde luego no es un libro romántico o histórico. Es una dosis de realidad, una obra que merece la pena saborear y disfrutar, como el buen vino. Una excelente fórmula para ejercitar la memoria y la inteligencia emocional.

Según tengo entendido este es el primer título publicado por José Antonio Palomares, y he de decir que me ha cautivado a la primera. Desde aquí le animo y espero que siga manejando la pluma (o el teclado) para poder coincidir con nuevos libros suyos muchas veces más.

Aprovecho esta primera reseña del año para anunciaros que estoy planteando un reto para todos nosotros, a raíz del post que publiqué con mis propósitos de Año Nuevo, y que tanto éxito tuvo. Os seguiré contando…

Muchas gracias por leerme, seguirme y apoyarme, y ¡feliz lectura!

 

Lo mejor. Los recuerdos, la nostalgia, la inocencia infantil.

Lo peor. La dura realidad a la que tienen que enfrentarse Ángel y su hermano sin apenas comprender.

Dónde leerlo. Este libro es ideal para viajar, ¡se te pasará el tiempo volando!


Sinopsis (Fuente Casa del Libro)

En el Madrid de principios de los años 80, una familia de clase media- baja trata de llevar una vida normal a pesar de sus dificultades económicas. Toda la verdad sobre las mentiras es la historia nostálgica, cómica y tierna de esa familia vista a través de los ojos del hijo mayor. 

Recuerdo las cosas más curiosas de mi infancia a principios de los ochenta. No me preguntes por los afluentes más importantes de la Península, ni por las ecuaciones de segundo grado, ni por las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. En cambio, recuerdo el intenso sabor del ColaJet de limón, la rugosidad de las costras en mis rodillas, la barriga de John Wayne en los westerns de Primera Sesión, la ansiedad por conseguir chapas que no estuvieran dobladas o la alegría de ver a Santillana marcar un gol. Recuerdo la manera exacta en que el aliento de mi padre olía a Soberano; y la frase favorita de mi madre: “¿Te crees que soy el bancospaña?”. Recuerdo que la felicidad era el primer mordisco del dónut en el recreo de las once. 

Quizá recuerdo todas esas cosas porque están entrelazadas con el momento en el que descubrí por fin toda la verdad sobre las mentiras de mi familia. Yo debía de tener once años, o quizá diez, o quizá doce, el día en que papá vendó teatralmente los ojos de mamá con un paño de cocina y la condujo a ciegas al salón…

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