Luces, cámara… ¡Acción! Cuando todos los focos alumbran directamente al nuevo Harry Potter, más mayor, padre de familia y con un cargo importante en el Ministerio de Magia, una no puede sino rendirse al espectáculo y disfrutar de la sesión… Aunque en este caso mi lado más entusiasta se ha topado con algún que otro impedimento.

Reconozco que soy fan de Harry Potter desde que hace unos 17 años mi prima Teresa me dejó el libro cuando compartíamos vacaciones de verano en la misma casa. No sabía quién era Harry, qué era un muggle o qué se podía hacer con un “Wingardium leviosa“. Pero con él descubrí la necesidad de querer leer una “continuación” y la impaciencia de tener que esperar tiempo y tiempo para poder seguir haciéndolo.

Descubrí también unos personajes que desde entonces han formado parte de mí, han compartido todas sus aventuras conmigo y hemos crecido juntos a lo largo de los libros. Estoy segura de que intuían que volvería a rendirme a ellos con esta nueva trama.

Y hablando ya propiamente de Harry Potter y el legado maldito, me gustaría puntualizar dos cosas antes de pasar al quid de la cuestión. La primera es que no es un libro escrito a modo de novela para su lectura; es una obra de teatro, con sus apuntes y sus diálogos, pero lógicamente carente de descripción y de narración contextual (que estoy convencida, durante la representación se compensará con creces con la escenografía). La segunda es que está pensado para su puesta en escena, y supongo que la trama no puede alargarse mucho más para evitar que los asistentes tengan la imperiosa necesidad de removerse en sus asientos… Pero se hace corto.

Teniendo esto claro, es cierto que las distintas aventuras (incluido el desafío final) dan la impresión de resolverse muy rápido, como si los autores tuvieran ansia por pasar al siguiente acto. Es verdad también que, excepto Harry y Draco, los demás protagonistas parecen haberse quedado en aquellas Reliquias de la Muerte, no muestran evolución en su personalidad tantos años después.

Pero no todo es negativo. Al contrario, y a pesar de esos detalles, en general se me ha quedado muy buen sabor de boca. Me encantan los nuevos personajes Albus y Scorpius; me gusta mucho la historia, que te atrapa casi desde el principio; adoro poder revivir grandes momentos de libros pasados porque ha sido como retroceder también a mi “yo lector” de aquellos años; y me gusta muchísimo haber podido reencontrarme con Harry, con Hermione, con Ron y con Ginny, e incluso con Draco Malfoy (que os deparará alguna sorpresa).

En definitiva, una obra entretenida y nostálgica para todos los Potter-lovers, pero con algunos defectos derivados de su carácter teatral.

¿Qué os ha parecido a vosotros? ¿Qué cosas os han gustado más y menos? ¡No dejéis de contármelo!

Un saludo y… ¡Feliz lectura muggle!

 

Lo mejor. Los nuevos personajes, el poder de la amistad y la nostalgia que despierta el libro.

Lo peor. El rápido transcurso entre historias y el final precipitado.

Dónde leerlo. Fin de semana, en el sofá de casa y en pijama. Un entorno relajado para un libro que te hará volver al pasado.

 

Sinopsis (Fuente Casa del Libro)

Siempre fue difícil ser Harry Potter y no es mucho más fácil ahora que es un empleado con exceso de trabajo del Ministerio de Magia, un marido y padre de tres niños en edad escolar.
Mientras Harry se enfrenta con un pasado que se niega a permanecer donde pertenece, su hijo menor Albus debe luchar con el peso de una herencia familiar que nunca quiso. Como el pasado y el presente se fusionan ominosamente, padre e hijo descubren una verdad incómoda: a veces, la oscuridad viene de lugares inesperados.

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