23 de abril, Día Internacional del Libro y el mejor momento para reivindicar la importancia de la lectura, ¿no creéis?

En un momento en el que cada vez más nos gusta lo fácil, los libros y la lectura están luchando por sobreponerse, ¡y parece que de momento lo conseguimos!

“¿Leer? Yo prefiero ver la televisión, no tengo que pensar…”.

Y yo me pregunto, ¿qué tiene de malo pensar?

El placer de abrir un libro, oler sus páginas y retomar una historia que había dejado aparcada mientras hacía mis labores diarias es, para mí, comparable a la sensación de despertarme a las siete de la mañana y descubrir que aún es sábado, o al efecto de frescor que te invade un día caluroso al zambullirte en una piscina. Los personajes son pacientes, no les importa que los hayas dejado en medio de una huida, conversando con un árbol o a punto de realizar el descubrimiento de sus vidas; son fieles y leales a tus ojos y no te comparten con nadie más mientras los sigues en sus historias; son abiertos, atemporales, reales o mágicos… Pero, por encima de todo, son sinceros: te confían sus mayores secretos y lo único que piden a cambio es tu atención. Que los escuches, que los leas.

Piensas para dar forma a sus vivencias, para poner cara a sus facciones y para colorear sus voces. Ejercitas tu cerebro para verlo como a ti te apetezca y para tratar de anticipar el desenlace de los capítulos. ¿De verdad no te parece emocionante?

“No… ¿de qué sirve pensar todo eso cuando la televisión me lo da hecho?”

Pensar no es excluyente. Puedes pensar mientras haces deporte, mientras escribes y mientras ves la televisión. Hacer que tu mente practique es sólo una manera de que tus pensamientos se vuelvan efectivos y, más importante, de aprender a transmitir esos pensamientos para que los demás entiendan exactamente lo que tú quieres. ¿No te gustaría?

“Mmmmm… Entonces, ¿por qué mucha gente no piensa antes de decir las cosas? ¿Antes de juzgar y de acusar? ¿Antes de actuar?”

Porque se han acomodado. Nos hemos acostumbrado a que nos den todo tan hecho, tan preparado y tan pensado que no se acuerdan de que ellos también podrían hacerlo.

“¿Y qué hacemos?”

Leer, todo empieza por leer.

¡Feliz Día del Libro a tod@s!

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